martes, 14 de febrero de 2012

Vivencias en El Malito, la despedida

Llegó la mañana del nuevo día y el sol nos avisó que estaba corrido el telón bien arriba, porque la sobremesa había sido larga y grata, y la noche se hizo corta, con la charla en la sala y las anécdotas de Bernardita sobre aquellos tiempos que no se quieren revivir, pero siempre aparecen en la memoria. ¡Por suerte la amiga puede hoy reír, al fin, cuando por ejemplo recuerda aquella vez que la capelina de doña Lucía (la excelentísima primera dama y esposa del excelentísimo dictador) saltó de la ilustre testa llevada por los vientos chilenos y nadie se animaba a festejar la ocurrencia eólica, hasta que su hijito Roberto soltó una inimputable carcajada!


Un momento especial de la despedida fue el de Anita y el viejo (y buenazo) del Bobby. Ella, tan perrera como es, en apenas dos días había establecido una cálida amistad con el noble perro, que nos acompañó cada momento y en cada lugar de la casa.

Bernardita nos regaló ejemplares de sus libros y otros materiales sobre Palena, Chile la literatura chilena.

Finalmente allí estamos todos, posando debajo del quincho y el cartel que proclama: “La poesía es un gesto, el paisaje tus ojos y mis ojos muchacha, oídos corazón la misma música” (del poeta mapuche Elicura Chihuailaf) y deseando un pronto reencuentro.


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