domingo, 9 de enero de 2011
La Pichona volvió a ser un orgullo para Patagones
Hubo un tiempo en que la chata de Pozzo Ardizzi, "La Pichona", era un auténtico orgullo para Carmen de Patagones y su gente; por su enorme capacidad de carga y las generosas dimensiones de sus ruedas, que le permitían atravesar los más pesados guadales. Alguna vez Emma Nozzi, directora fundadora del Museo de Patagones, se preocupó por su estado y decidió donar dinero de su sueldo para la restauración.
Pero el objetivo no se cumplió, y allá por el año 2005 este cronista tomó las imágenes de más arriba, con la chata destruida, convertida en una ruina, en un campo de jineteada abandonado al norte de la población.
A principios del 2010 los restos desarmados de "La Pichona" llegaron al taller de Luis Facio (ver abajo) y por cuenta del empresario Alberto Pozzo Ardizzi (nieto del propietario del fabuloso carruaje) comenzó la tarea de reconstrucción. Pasaron varios meses y hace pocos días, el 7 de enero de 2011, "La Pichona" fue entronizada en uno de los jardines que rodean el acceso a Carmen de Patagones por la avenida Yrigoyen, muy cerca de la estación de servicio de Pozzo Ardizzi.
El cronista se acercó para observarla y sintió una profunda emoción. Porque el vehículo que tantos miles de kilos de carga transportó, que tanta riqueza movió, que tanto trabajo generó, vuelve a ser un orgullo para Patagones. ¡Es muy probablemente la chata restaurada más grande que se conserva en todo el país, y está aquí en nuestra tierra para ser motivo de atracción!.
Luis Facio, realizador de la restauración
La restauración de la chata La Pichona demandó varios meses de intenso trabajo, bajo la dirección y mirada vigilante del herrero Luis Facio. Fue entrevistado en su taller de las afueras de Viedma, en mayo del 2010, para la serie "Perfiles y Postales" de Noticias de la Costa y este es un fragmento de esa nota.
"En estos días el protagonista de la obra es el herrero Luis Esteban Facio, 83 años, que con notable empuje y dedicación pone todo su empeño en un emprendimiento que venía proyectando desde muchos años atrás.
“Poder reparar o reconstruir a La Pichona era mi preocupación por lo menos desde 6 años atrás, ya lo había hablado con Cholino y estaba siempre a la espera de la ocasión. Se tomó la decisión y aquí estamos, trabajando en una reconstrucción, porque lamentablemente el mal estado de los materiales viejos hacía imposible una restauración” le dijo al cronista, mientras lo acompañaba en la recorrida por el galpón y el patio posterior, de su establecimiento “Remembranzas”.
Una enorme rueda, de 3,85 metros de alto, preside el espacio, como una clara advertencia sobre la monumentalidad de los trabajos. En el suelo una gran cantidad de piezas de madera y metal parecen dispersas sin ningún orden. Pero Facio aclara que “es el despiece de la chata, todo está acá presentado en el piso para ir haciendo las piezas nuevas, cada parte vieja es un molde para copiar”.
Después, en el galpón bajo techo, la nueva caja de La Pichona impresiona por sus dimensiones: 6,25 metros de largo por 1,25 de ancho, con el pescante avanzando hacia delante. Toda esta parte realizada con madera de pino, en gruesos tablones; con abundancia de bulones y herrajes que le aseguran fortaleza para el eventual transporte de pesadas cargas.
“Las ruedas de atrás pesan entre 800 y mil kilos cada una, las llantas son de media pulgada y pesan unos 100 kilos de hierro solo, para enllantarlas tendremos que preparar un aparejo especial” adelanta Facio.
Admite que “es un trabajo duro, intenso, pero me brinda una enorme satisfacción”; y añade que “desde los 8 años, cuando entré como aprendiz en el taller de Américo Nozzei, en Tandil, siempre me imaginé que alguna vez en mi vida podría estar haciendo un trabajo de este tipo”.
Reconoce que el compromiso asumido es de una enorme responsabilidad, pero señala que “con inteligencia y práctica todo es posible”.
"En estos días el protagonista de la obra es el herrero Luis Esteban Facio, 83 años, que con notable empuje y dedicación pone todo su empeño en un emprendimiento que venía proyectando desde muchos años atrás.
“Poder reparar o reconstruir a La Pichona era mi preocupación por lo menos desde 6 años atrás, ya lo había hablado con Cholino y estaba siempre a la espera de la ocasión. Se tomó la decisión y aquí estamos, trabajando en una reconstrucción, porque lamentablemente el mal estado de los materiales viejos hacía imposible una restauración” le dijo al cronista, mientras lo acompañaba en la recorrida por el galpón y el patio posterior, de su establecimiento “Remembranzas”.
Una enorme rueda, de 3,85 metros de alto, preside el espacio, como una clara advertencia sobre la monumentalidad de los trabajos. En el suelo una gran cantidad de piezas de madera y metal parecen dispersas sin ningún orden. Pero Facio aclara que “es el despiece de la chata, todo está acá presentado en el piso para ir haciendo las piezas nuevas, cada parte vieja es un molde para copiar”.
Después, en el galpón bajo techo, la nueva caja de La Pichona impresiona por sus dimensiones: 6,25 metros de largo por 1,25 de ancho, con el pescante avanzando hacia delante. Toda esta parte realizada con madera de pino, en gruesos tablones; con abundancia de bulones y herrajes que le aseguran fortaleza para el eventual transporte de pesadas cargas.
“Las ruedas de atrás pesan entre 800 y mil kilos cada una, las llantas son de media pulgada y pesan unos 100 kilos de hierro solo, para enllantarlas tendremos que preparar un aparejo especial” adelanta Facio.
Admite que “es un trabajo duro, intenso, pero me brinda una enorme satisfacción”; y añade que “desde los 8 años, cuando entré como aprendiz en el taller de Américo Nozzei, en Tandil, siempre me imaginé que alguna vez en mi vida podría estar haciendo un trabajo de este tipo”.
Reconoce que el compromiso asumido es de una enorme responsabilidad, pero señala que “con inteligencia y práctica todo es posible”.
domingo, 26 de diciembre de 2010
Leer en el jardín, una satisfacción del verano
Leer en el jardín, debajo de la sombra fresca del sauce. es una de las satisfacciones del verano, en este rincón de la Patagonia donde la conservación de la verde cubierta vegetal obliga a un esfuerzo considerable. El ejercicio de la lectura, ese prodigioso mecanismo intelectual que nos transporta a miles de kilómetros y a través de las fronteras del tiempo, nos permite un diálogo interior, el intercambio de ideas entre esas distintas partes de nuestra conciencia que a veces confluyen en un mismo espacio y otras se diferencian peligrosamente. Así entonces, sobre el verde tapiz, el lector puede multiplicarse y el libro borra las fronteras.
(La foto es una realización de Francisco Espinosa Chaina)
sábado, 11 de diciembre de 2010
Freddy Masera, hacedor de libros que nos permiten conocer las mesetas patagónicas
La serie de libros sobre las mesetas patagónicas, Freddy Masera, el coordinador
Freddy Masera es un sociólogo apasionado por las mesetas patagónicas, que viene estudiando hace casi 20 años. Dotado de una visión ampliamente humanista y una profunda capacidad de observación se convirtió en el director de una serie de publicaciones científicas de consulta imprescindible para el conocimiento de la región. Acaba de aparecer el volumen de 470 páginas titulado “Los ríos mesetarios norpatagónicos; aguas generosas del Ande al Atlántico”, cerrando un ciclo que se inició en 1993 con la obra “La meseta patagónica del Somuncurá, un horizonte en movimiento”. Freddy ha sido el coordinador de los equipos interdisciplinarios que realizaron las investigaciones, conformados por historiadores, geógrafos, arqueólogos, antropólogos, biólogos, geólogos, economistas, literatos, guardaparques, y licenciados en turismo.
Durante estas dos décadas Masera luchó sin desmayo, ni tiempo para el descanso, contra todo tipo de dificultades administrativas y presupuestarias para lograr cada una de las ediciones. La tarea no fue fácil y sufrió la discontinuidad de los planteles jerárquicos de carácter político, lo que ha sido una de las características más despreciables de la sumatoria de las distintas gestiones gubernamentales de Río Negro desde 1993 hasta la fecha; hecho incongruente con la perfecta continuidad del signo partidario en las sucesivos elencos, pues por un lado el radicalismo se aseguró la permanencia en los despachos pero los cambios de protagonistas y la discontinuidad de planes de acción ha sido notoria, sobre todo en temas relativos a la cultura, la investigación y la planificación.
De todas maneras, superando trabas e indiferencias (las segundas quizás más nocivas que las primeras) Freddy Masera concretó 5 libros bajo el sello editor de la secretaria de Acción Social y su formato actual: ministerio de Familia. El último de la serie, “Los ríos mesetarios…” fue editado por el ministerio de Producción.
Pero estos editores lo fueron sólo en lo formal, ya que el financiamiento de las impresiones –que tuvieron formato y estilo homogéneo- se obtuvo mediante auspicios diversos y el compromiso para la adquisición de ejemplares por parte de organismos públicos. Lo que debió ser consecuencia de una política editorial asumida seria y responsablemente por el Estado fue, en realidad, resultado de la tenacidad de un emprendedor, con el acompañamiento de su variopinto equipo de colaboradores intelectuales, reuniendo recursos con cierta dosis de azar. Por eso es importante darle la palabra a Ricardo Fredy Masera, reconocerle dotes de empecinado taumaturgo y dejar que sea su voz la que nos ubique en el contexto.
Las mesetas
¿Por qué el análisis de las mesetas en particular? fue la primera pregunta de la charla del cronista con este inquieto hacedor de libros.
“La Patagonia está conformada por la cordillera de los Andes en su porción austral, toda una región central mesetaria y la costa del Atlántico. Las mesetas centrales caen escalonadamente desde la precordillera hacia el mar. Por eso el libro anterior se llama “Las mesetas patagónicas que caen al mar: la costa rionegrina”, porque los acantilados que vemos son las mesetas que se cortan a pique.
Estas mesetas arrancan en los departamentos del sur pampeano y se extienden hasta el norte de la Isla de la Tierra del Fuego. El término meseta, al que reivindicamos siempre, es muy usado pero a veces confundido. Porque es un término geomorfológico y, entonces, las mesetas pueden tener lugares selváticos, o pueden tener el tapiz vegetal del espinel mezclado con el monte, o pueden ser esteparias.
Las zonas de transición entre dos regiones de aspecto diferente es lo que se llama el ecotono, y en el Somuncurá está muy claro como, hacia el sur, el monte se convierte en estepa.
El primer libro estuvo referido a Somuncurá por mis observaciones previas, en los tiempos en que estaba viviendo en El Bolsón y viajaba por la zona; además de las referencias de tono misterioso que me llegaban por intermedio de amigos como Guillermo Serra Peirano. Me puse a leer los estudios previos existentes, comprobé que había sido muy transitada por naturalistas y arqueólogos, pero no se encontraba material escrito desde el punto de vista de las ciencias sociales. Así fue que se encaró el relevamiento de Somuncurá, a partir de un subsidio del Conicet al ministerio de Asuntos Sociales, que tuvo una primera edición muy rústica en 1993; y una segunda costeada en conjunto con la provincia del Chubut en 1998.”
Los que siguieron
“A partir del prestigio que se supo ganar el libro del Somuncurá, que nos alcanzó naturalmente a todos quienes integramos el equipo de trabajo y a mí como coordinador, encaramos la continuidad del proyecto. Yo le había echado el ojo a otra meseta, la de El Cuy, porque me parecía uno de los espacios más excéntricos del territorio de Río Negro, con un enorme vacío poblacional, un sitio por donde nunca pasó el ferrocarril, el antiguo paso de las huellas de carretas que unían General Roca con lo que hoy se llama Jacobacci y otros parajes de la zona, y características geomorfológicas interesantes.
El tercer libro avanzó en otro recorte, sobre la base de esta idea de analizar las mesetas en particular, pero en este caso nos permitió adentrarnos en uno de los diez bajos más importantes del mundo, el segundo en importancia en el país después de San Julián. El Bajo del Gualicho, donde el relieve se invierte rodeado de mesetas, nos ofrecía todos sus interrogantes y leyendas. Trabajamos con el instrumental satelital más moderno y realizamos la medición de su profundidad, para comprobar que tiene 72 metros por debajo del nivel del mar en el punto donde pusimos dos mojones en dos sitios de la gran salina, que nos dimos el gusto de bautizar (como hacían antaño los exploradores) con los nombres de Península de los Leones, pues por allí cerca encontramos huellas de pumas, e Islote de los Guanacos, por la presencia sorpresiva de esos bellos camélidos que aparecen y desaparecen de la nada.
El cuarto libro se apartó del abordaje multidisciplinario de las mesetas, para darle jerarquía propia a varios trabajos inéditos del arqueólogo Carlos Gradín y se tituló, precisamente, “Arqueología de Río Negro” conteniendo una serie de descripciones de enorme valor, con apuntes a mano tomados por el propio Gradín en diversos yacimientos arquelógicos de la región sur.
En el paso siguiente nos ocupamos de un tema del que ya veníamos hablando en el equipo: el estudio de la costa. Cuando arranca una investigación a veces se deja la cuestión del título para el final, pero en otras ocasiones se empieza por allí, porque nos llama como si fuera una meta a la que se debe llegar. Esto me pasó en este caso, porque el título se impuso solo. Así empezó “Las mesetas patagónicas que caen al mar” con el análisis de la costa de los acantilados y todos sus componentes.
Pero faltaba meterse en los ríos. La propuesta aparecía como un desafío de la gente del Departamento Provincial de Aguas: ¿por qué no se meten con el río Negro?, y de pronto me puse a pensarlo más en detalle y noté que estos ríos nuestros son alóctonos en la mayor parte de su recorrido, es decir que no reciben afluentes, y descubrí la entidad común, de los ríos mesetarios.
A las mesetas las recortamos por sus aspectos significativos según las especies vegetales y animales endémicas, es decir que sólo existen en un lugar del planeta, por su geomorfología o su geología, y por los aspectos que le dan identificación independiente.”
La narrativa oral
Desde aquella primera mirada en profundidad sobre el apasionante ámbito de Somuncurá cada uno de los libros dedicados a las mesetas contiene un capítulo dedicado específicamente a los testimonios de los pobladores de cada sitio, lo que se dio en llamar la “narrativa oral.”
Masera dijo, sobre el particular. “Nosotros sabíamos que en el Somuncurá íbamos a encontrar mucha gente de ascendencia indígena y nos interesaba la conservación del idioma, las leyendas y las tradiciones religiosas, como el camaruco y el nguillatún; algo similar ocurrió en El Cuy; y por cierto en el Gualicho nos adentramos en la leyenda de la Salamanca y de don Bernabé Lucero.
“No hacemos etnografía interpretativa porque eso implica entrar en la variantes lingüísticas y semiológicas, pero ponemos mucho cuidado en el rescate de la trascripción fiel y exacta de lo que dicen las personas entrevistadas para los capítulos de la narrativa oral.
Una preocupación, en ese sentido, es no efectuar ninguna modificación ni agregado. O sea que si el poblador se traga las ‘eses’ y dice, por ejemplo, ‘lo chico están en la escuela’ lo copiamos tal cual.; y ponemos los silencios con puntos suspensivos; para que el lector pueda “oír” a la gente.
Por eso es natural que los capítulos de la narrativa oral sean los que tienen mayor aceptación y sabemos que en muchos casos son la única parte del libro que se lee intensamente.”
Navegando desde el Ande
Veamos ahora algún detalle del más reciente de los productos de esta serie excepcional. Tiene 12 capítulos donde se describen distintos abordajes a los cursos de los ríos Limay, Neuquén, Negro y Colorado. Estas partes fueron escritas por Rodolfo Casamiquela (hizo su aporte pocos meses antes e su muerte, ocurrida en diciembre de 2008); Laura Miotti; Mónica Alejandra Berón; Gustavo A. Martínez; Estela Mónica Cúneo; Eduardo Crivelli Montero; Luciano Prates; Hernán Cortés, Juana Lew; Anahí Membribe, Verónica Cortese, Rubén García y el propio Freddy, por supuesto.
El subtítulo (“Aguas generosas del Ande al Atlántico”) revela el espíritu poético del coordinador, un hombre que admite profunda admiración y respeto por las intensas correntadas del río Negro, del que es vecino en la costa viedmense. Pero además Ricardo Freddy Masera (72) todos los veranos participa en la competencia de natación de aguas abiertas de puente a puente y en los cruces de orilla a orilla, y por eso dice, con justificada razón, “a este río lo conozco bien por adentro”.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Leonardo Costas, un notable intendente de Patagones, injustamente olvidado
El intendente Costas, de anteojos a la derecha del grupo, en una reunión en su despacho
Con sombrero en la mano, ingresando al Templo Parroquial para el acto de las banderas; abajo la cartelería de la calle en su memoria, con una "ese" de menos. ¡Qué lástima!
Una calle de apenas cuatro cuadras, en Carmen de Patagones, lleva el nombre de Leonardo Costas (con el error en su escritura, porque le sacaron la “ese”). Se trata del merecido homenaje a un intendente maragato olvidado, cuyo mandato tuvo final precipitado hace 44 años.La personalidad de Leonardo Costas fue multifacética, como también su desempeño profesional a lo largo de 88 años de intensa vida. Fue médico, diplomático, político de fuste, aviador deportivo y naval, vitivinicultor, dirigente de entidades intermedias, concejal de la ciudad de Buenos Aires, intendente municipal del partido de Patagones... vecino de permanente inserción en los temas de la comunidad y pionero en el poblamiento de un sector de la urbe maragata que hace 50 años era sólo campo, y hoy se ha convertido en la zona más cotizada para la construcción de elegantes mansiones.
Los datos para escribir esta crónica se tomaron del libro “Las calles de mi pueblo”, recopilación de María Cristina Casadei y otros; de algunos recortes periodísticos de los semanarios “La Nueva Era” y “El Tiempo” de los años 60’; del testimonio de Rolando “Tito” Martínez, quien fuera su polifuncional secretario de gobierno de la municipalidad de Patagones, entre 1963 y 1966; y un artículo de René Alcides Aguirre, quien también lo conoció y heredó de su padre (el recordado escribano René Aguirre) un bastón que perteneció a Costas.
Se fue y volvió
Leonardo Ovidio Costas nació en Carmen de Patagones el 24 de agosto de 1887 y cursó aquí sus estudios primarios, pero hacia 1898 partió hacia Buenos Aires donde hizo la secundaria primero y la carrera de medicina después. Apenas recibido ingresó al hospital Cosme Argerich, en el barrio de la Boca, uno de los centros médicos más importantes de la ciudad de Buenos Aires, en donde desarrolló una importante carrera profesional de 40 años, de los cuales 18 los transcurrió en el cargo de director.
Su destacado desempeño profesional estuvo acompañado por las inquietudes de tipo social y político, lo que lo llevó a aceptar una candidatura a concejal municipal de la ciudad de Buenos Aires por la barriada boquense en representación de la Unión Cívica Radical, en la década del 20’. Desde la presidencia del bloque oficialista y del comité radical de la Boca su labor se agigantó, lo cual le valió excelentes relaciones con prominentes figuras partidarias de la época: Hipólito Yrigoyen, Marcelo Torcuato de Alvear, Roberto Ortiz y otras.
Fue amigo de los dos patriarcas culturales de la Vuelta de Rocha: Benito Quinquela Martín, el pintor y Juan de Dios Filiberto, el músico.
En tiempos de su segunda presidencia Yrigoyen le confió una delicada y alta misión diplomática, como emisario de buena voluntad ante el gobierno de Chile, función que logró cumplir con eficacia y talento.
Después de alcanzar su merecida jubilación como director médico del hospital Argerich de Buenos Aires, ya para los mediados de la década de 1950, decidió volver a su Carmen de Patagones natal, con el sano propósito de transcurrir aquí, junto a su esposa Amelia Vernengo, los últimos años de su vida.
El Peñón del Currú Leuvú
Su primer propósito, tras el retorno al terruño, fue el de construirse una casa en un lugar privilegiado sobre la barranca del río, en el sitio que él mismo dio en llamar el “Peñón del Currú Leuvú”. Allí hizo levantar un chalet confortable aunque no lujoso, dotado de generosos viñedos que se regaban directamente del río y permitían la elaboración artesanal de un exquisito vino.
Hasta su refugio de vista panorámica al río, en donde hoy se han edificado otras magníficas residencias, llegó una tarde un grupo de vecinos maragatos para pedirle que aceptara ocupar interinamente el cargo de comisionado municipal. Era el año 1956 y aunque tenía 69 años de edad, sintió que su deber era brindarle un servicio a su pueblo y aceptó. En 1958 fue candidato a Intendente de Patagones por la Unión Cívica Radical del Pueblo, pero fue superado por la Unión Cívica Radical Intransigente. En 1963 volvió a presentarse y ganó. Tenía 76 años cuando asumió su mandato el 12 de octubre de aquel año. No faltaban los escépticos que pensaron que su avanzada edad sería un obstáculo para el desempeño de sus funciones... pero se equivocaron, porque la gestión del intendente Leonardo Costas –más tarde interrumpida por el golpe militar del 28 de junio de 1966- tuvo logros importantes y avanzó en una serie de proyectos bien interesantes.
Acción y austeridad
“Tito” Martínez no pudo evitar emocionarse, aquella tarde del invierno del 2003 cuando le contaba al cronista algunos detalles del gobierno comunal encabezado por Leonardo Costas, donde fue su mano derecha. “Se destacaron, sobre todo, sus decisiones en el terreno de la asistencia social, su consideración por elevar el nivel de vida de los obreros y empleados municipales, incluidos los del Hospital Municipal, desposeídos y olvidados en el reconocimiento a sus delicadísimas tareas”, sostuvo.
Aportó una síntesis de acciones impulsadas por el intendente Costas: distribución de tierras para asentamientos de familias en Villa Lynch; enajenación de chacras municipales para adjudicárselas a quienes las ocupaban desde varias décadas antes; creación del hogar de ancianos; gestiones para una escuela profesional que sería después la Escuela Islas Malvinas; modernización y reequipamiento de la totalidad del parque vial municipal; construcción del tanque elevado de agua de un millón de litros con planta de decantación y potabilización; construcción del puente de acceso a Bahía San Blas (en reemplazo del viejo puente Wasserman, que ya para entonces estaba vetusto); edificación de la hostería turística de la misma villa de Bahía San Blas; enripiado y mejoramiento de las calles del poblado marítimo.
También se ocupó personalmente de supervisar la restauración de las banderas brasileñas capturadas en marzo de 1827, que culminó con el acto del 17 de agosto de 1965 colocándolas en los cuadros donde todavía se conservan en el templo parroquial.
No todas las obras planeadas por el intendente Costas pudieron concretarse, porque como ya dijimos su mandato de cuatro años fue interrumpido antes de tiempo. En 1964 la Municipalidad de Patagones logró, con fondos proporcionados por el gobierno provincial bonaerense, la compra de un terreno ubicado sobre la calle Olivera en su intersección con Comodoro Rivadavia, enfrente de la escuela 2. Poco después se aprobaron los planos y el financiamiento para levantar en ese lugar un hotel de turismo para Carmen de Patagones.
La interrupción de los gobiernos radicales en la provincia y en la municipalidad abortó esa obra que, seguramente, le habría cambiado la fisonomía de servicios a la ciudad. El terreno quedó abandonado durante mucho tiempo, usado como parque, hasta que en la década del setenta se construyó el denominado centro cívico que alberga al registro civil y otras oficinas públicas provinciales.
“Pero además de su permanente acción, con viajes permanentes a ‘la cueva del león’ como le gustaba llamar a la ciudad de La Plata, otro rasgo muy fuerte del doctor Costas era su austeridad. Cuando ya estaba elegido para el cargo, antes de asumir, decidió cambiar el auto y adquirió en lo de su amigo Borassi un Di Tella Magnette (coche mediano equivalente a un Siena de hoy) y me dijo: lo compro ahora para que después no digan que usé plata de la Municipalidad. Enseguida mandó a buscar las chapas de bronce de intendente, porque lo usaría como auto oficial, y cómo descubrió que las anteriores las habían robado hizo comprar otras, y las pagó de su bolsillo” relató Rolando Martínez, quien le dedicó a su admirado jefe varios capítulos de su libro “Vivencias y algo más”, editado por su familia tras su muerte, ocurrida en noviembre del 2004.
Otros perfiles de su personalidad
René Alcides Aguirre escribió sobre el doctor Costas, con referencias a otros perfiles de su personalidad. “Pionero de la aviación argentina, junto con Almonacid, Sánchez Zinni y Jorge Newbery, fue creador de un monoplaza que condujera como piloto de pruebas el campeón mundial de permanencia en moto y célebre automovilista de la época, Gaudino. En el año 1914, con un amigo mecánico, construyó una casilla rodante sobre un chasis de Ford T, tipo camión, y con este vehículo hizo una travesía entre Buenos Aires y La Pampa, viajando con un matrimonio de amigos. La travesía duró un mes, con penurias de todo tipo, como quedarse una semana en un precario puesto esperando que le mandaran un palier de repuesto”.
“Sus viajes más que turísticos fueron siempre de estudio, ya que al bagaje de sus conocimientos agregaba su afán de saber; con curiosidad visitaba tanto los museos, lugares históricos, como los barrios de las poblaciones o ciudades, los mercados, donde realmente se dimensiona la verdad. Una anécdota: estando en Argel se desencadenó una terrible y sangrienta lucha intestina y se presentó al director del hospital a fin de prestar voluntariamente sus servicios profesionales e hizo de cirujano de campaña, enseñando a los médicos del nosocomio las nuevas tecnologías de la especialidad”, acotó Aguirre.
Un recuerdo de la amistad de Costas con el presidente Marcelo Torcuato de Alvear, un fino bastón de madera que usó el jefe de Estado, fue obsequiado por el ex intendente al escribano René Aguirre; y más tarde su hijo, René Alcides, lo donó al museo histórico Emma Nozzi de Carmen de Patagones.
Sus últimos años
Retirado forzosamente del cargo al que llegó por voluntad popular, tras el golpe militar de junio de 1966, Leonardo Costas vivió sus últimos años, entre recuerdos, en su casa de las afueras, hasta su muerte ocurrida el 15 de diciembre de 1975, hace casi 35 años.
En julio de 1985 el Honorable Concejo Deliberante aprobó la imposición de su nombre a la breve arteria que se mencionaba al principio, paralela a la avenida Yrigoyen, entre Mascarello y Boulevard Moreno. Alguien debe ocuparse de corregir el error de escritura de su apellido.
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domingo, 7 de noviembre de 2010
Por las playas de Picotto
Este señor que aparece en la foto de arriba se llama José Luis Fernández, pero todos en el balneario El Cóndor (la Boca, para muchos) lo conocen por su sobrenombre de "Picotto". Fue fanático de la pesca en sus años jóvenes y "descubrió" un sitio ideal que bautizó con su apelativo.
Aquí estamos en familia, con mi hermano Gervasio y mi cuñada Beti, Dalia, mi perra Colita y yo, caminando por esa playa, cerca del acantilado.
Aqui de frente a la cámara fotográfica, en una apacible tarde de primavera 2010
Desde el balcón mirador, contemplando la playa. ¡El sitio es muy bello!
sábado, 28 de agosto de 2010
Apuntes de la historia radial patagónica

La radiodifusión en la Argentina cumplió 90 años a partir de aquella histórica emisión del 27 de agosto de 1920 desde la terraza del teatro Coliseo, de Buenos Aires, y en la Patagonia la actividad radiofónica acumula más de 72 años de antigüedad.
Habían transcurrido 18 años desde la innovadora experiencia cundo el Estado nacional impulsó la creación de la primera emisora radial de la región, LU 12 radio Río Gallegos, que salió al aire el 23 de marzo de 1938.
Enseguida se sumó LU 4, radio Patagonia Argentina de Comodoro Rivadavia, que desde el 3 de mayo del mismo año comenzó a emitir para la red Azul y Blanca de Emisoras Argentinas, que lideraba radio El Mundo desde los famosos estudios de Maipú 555, en Buenos Aires.
Recién 8 años más tarde aparece LU 8 radio Bariloche, que se inaugura el 11 de octubre de 1943, como parte de la Red Argentina de Emisoras Splendid (Rades).
La misma cadena privada, con cabecera en Buenos Aires en los altos del teatro Splendid, fundó LU 5 radio Neuquén el 10 de abril de 1954.
Esas 4 radios pioneras no alcanzaban para cubrir las enormes distancias de la Patagonia, ni para paliar el aislamiento de sus pobladores.
El flamante estado santacruceño inauguró LU 14 radio provincia de Santa Cruz, desde Río Gallegos, el 1 de mayo de 1961.
Al mismo tiempo el gobierno nacional, bajo la presidencia de Arturo Frondizi, comenzó a sembrar nuevas emisoras que argentinizaban el éter sureño.
Durante 1961 surgieron las filiales de radio Nacional en Ushuaia, el 10 de agosto; Esquel, el 25 de noviembre; y Comodoro Rivadavia, el 13 de diciembre.
También se llamó a concurso para de licencias de emisoras baja potencia y así nacieron 6 radios privadas en Río Negro y Chubut.
En 1963, aparecieron LU 15 Viedma, el 15 de mayo; LU 16 Río Negro, de Villa Regina, el 1 de julio; LU 17 Golfo Nuevo de Puerto Madryn, el 28 de julio.
LU 19 La Voz del Comahue de Cipolletti, salió el 12 de octubre, LU 18 El Valle de General Roca, el 19 de octubre; y LU 20 Chubut, de Trelew, el 10 de noviembre; todas en 1963.
En acciones aisladas Radio Nacional incrementó su red con emisoras en Zapala, Neuquén, inaugurada el 21 de diciembre de 1967; en Río Turbio, Santa Cruz, el 3 de diciembre de 1970, y Río Grande, Tierra del Fuego, el 19 de mayo de 1971
Bajo la última dictadura militar, ante la hipótesis de conflicto con Chile por el diferendo austral, se creó un conjunto de 9 filiales de Radio Nacional en pequeñas localidades patagónicas.
De aquel ‘Plan Soberanía’ son herederas las radios nacionales de San Martín de los Andes, Ingeniero Jacobacci, El Bolsón, Chos Malal, Alto Río Senguer, y Perito Moreno, que salieron al aire entre octubre y diciembre de 1978.
En septiembre de 1981 la antigua LU 8 de Bariloche se convirtió en filial de Nacional; tres meses más tarde nació Nacional Río Mayo; y en abril de 1982 la filial de Gobernador Gregores.
Cuando el ex presidente Raúl Alfonsín impulsaba el proyecto de traslado de la Capital Federal se creó LRA 2 radio Nacional de Viedma, inaugurada el 14 de diciembre de 1987.
Por iniciativa privada se fundó, el 15 de diciembre de 1979, LU 23 radio Lago Argentino, en El Calafate, Santa Cruz.
En Río Negro funcionan 3 emisoras de amplitud modulada de baja potencia, son la municipal de Luis Beltrán, desde el 30 de abril de 1984; la provincial de Sierra Colorada, 21 de marzo de 1987; y Luján de Valcheta, que pertenece al obispado y surgió en junio de 1990.
La más joven de las radios de AM de la Patagonia es Cumbre de Neuquén capital, que salió al aire en el 2001.
En los últimos años de la década del ’80 también en el espectro radial patagónico emergió el fenómeno de las radios de frecuencia modulada.
Radio Nativa, de Viedma; y CALF-Universidad del Comahue, de Neuquén, fueron pioneras de esta modalidad en septiembre y octubre de 1987.
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