domingo, 14 de noviembre de 2010

Leonardo Costas, un notable intendente de Patagones, injustamente olvidado

 El intendente Costas, de anteojos a la derecha del grupo, en una reunión en su despacho
 Con sombrero en la mano, ingresando al Templo Parroquial para el acto de las banderas; abajo la cartelería de la calle en su memoria, con una "ese" de menos. ¡Qué lástima!
Una calle de apenas cuatro cuadras, en Carmen de Patagones, lleva el nombre de Leonardo Costas (con el error en su escritura, porque le sacaron la “ese”). Se trata del merecido homenaje a un intendente maragato olvidado, cuyo mandato tuvo final precipitado hace 44 años.









La personalidad de Leonardo Costas fue multifacética, como también su desempeño profesional a lo largo de 88 años de intensa vida. Fue médico, diplomático, político de fuste, aviador deportivo y naval, vitivinicultor, dirigente de entidades intermedias, concejal de la ciudad de Buenos Aires, intendente municipal del partido de Patagones... vecino de permanente inserción en los temas de la comunidad y pionero en el poblamiento de un sector de la urbe maragata que hace 50 años era sólo campo, y hoy se ha convertido en la zona más cotizada para la construcción de elegantes mansiones.


Los datos para escribir esta crónica se tomaron del libro “Las calles de mi pueblo”, recopilación de María Cristina Casadei y otros; de algunos recortes periodísticos de los semanarios “La Nueva Era” y “El Tiempo” de los años 60’; del testimonio de Rolando “Tito” Martínez, quien fuera su polifuncional secretario de gobierno de la municipalidad de Patagones, entre 1963 y 1966; y un artículo de René Alcides Aguirre, quien también lo conoció y heredó de su padre (el recordado escribano René Aguirre) un bastón que perteneció a Costas.


Se fue y volvió


Leonardo Ovidio Costas nació en Carmen de Patagones el 24 de agosto de 1887 y cursó aquí sus estudios primarios, pero hacia 1898 partió hacia Buenos Aires donde hizo la secundaria primero y la carrera de medicina después. Apenas recibido ingresó al hospital Cosme Argerich, en el barrio de la Boca, uno de los centros médicos más importantes de la ciudad de Buenos Aires, en donde desarrolló una importante carrera profesional de 40 años, de los cuales 18 los transcurrió en el cargo de director.


Su destacado desempeño profesional estuvo acompañado por las inquietudes de tipo social y político, lo que lo llevó a aceptar una candidatura a concejal municipal de la ciudad de Buenos Aires por la barriada boquense en representación de la Unión Cívica Radical, en la década del 20’. Desde la presidencia del bloque oficialista y del comité radical de la Boca su labor se agigantó, lo cual le valió excelentes relaciones con prominentes figuras partidarias de la época: Hipólito Yrigoyen, Marcelo Torcuato de Alvear, Roberto Ortiz y otras.


Fue amigo de los dos patriarcas culturales de la Vuelta de Rocha: Benito Quinquela Martín, el pintor y Juan de Dios Filiberto, el músico.


En tiempos de su segunda presidencia Yrigoyen le confió una delicada y alta misión diplomática, como emisario de buena voluntad ante el gobierno de Chile, función que logró cumplir con eficacia y talento.


Después de alcanzar su merecida jubilación como director médico del hospital Argerich de Buenos Aires, ya para los mediados de la década de 1950, decidió volver a su Carmen de Patagones natal, con el sano propósito de transcurrir aquí, junto a su esposa Amelia Vernengo, los últimos años de su vida.


El Peñón del Currú Leuvú


Su primer propósito, tras el retorno al terruño, fue el de construirse una casa en un lugar privilegiado sobre la barranca del río, en el sitio que él mismo dio en llamar el “Peñón del Currú Leuvú”. Allí hizo levantar un chalet confortable aunque no lujoso, dotado de generosos viñedos que se regaban directamente del río y permitían la elaboración artesanal de un exquisito vino.


Hasta su refugio de vista panorámica al río, en donde hoy se han edificado otras magníficas residencias, llegó una tarde un grupo de vecinos maragatos para pedirle que aceptara ocupar interinamente el cargo de comisionado municipal. Era el año 1956 y aunque tenía 69 años de edad, sintió que su deber era brindarle un servicio a su pueblo y aceptó. En 1958 fue candidato a Intendente de Patagones por la Unión Cívica Radical del Pueblo, pero fue superado por la Unión Cívica Radical Intransigente. En 1963 volvió a presentarse y ganó. Tenía 76 años cuando asumió su mandato el 12 de octubre de aquel año. No faltaban los escépticos que pensaron que su avanzada edad sería un obstáculo para el desempeño de sus funciones... pero se equivocaron, porque la gestión del intendente Leonardo Costas –más tarde interrumpida por el golpe militar del 28 de junio de 1966- tuvo logros importantes y avanzó en una serie de proyectos bien interesantes.


Acción y austeridad


“Tito” Martínez no pudo evitar emocionarse, aquella tarde del invierno del 2003 cuando le contaba al cronista algunos detalles del gobierno comunal encabezado por Leonardo Costas, donde fue su mano derecha. “Se destacaron, sobre todo, sus decisiones en el terreno de la asistencia social, su consideración por elevar el nivel de vida de los obreros y empleados municipales, incluidos los del Hospital Municipal, desposeídos y olvidados en el reconocimiento a sus delicadísimas tareas”, sostuvo.


Aportó una síntesis de acciones impulsadas por el intendente Costas: distribución de tierras para asentamientos de familias en Villa Lynch; enajenación de chacras municipales para adjudicárselas a quienes las ocupaban desde varias décadas antes; creación del hogar de ancianos; gestiones para una escuela profesional que sería después la Escuela Islas Malvinas; modernización y reequipamiento de la totalidad del parque vial municipal; construcción del tanque elevado de agua de un millón de litros con planta de decantación y potabilización; construcción del puente de acceso a Bahía San Blas (en reemplazo del viejo puente Wasserman, que ya para entonces estaba vetusto); edificación de la hostería turística de la misma villa de Bahía San Blas; enripiado y mejoramiento de las calles del poblado marítimo.


También se ocupó personalmente de supervisar la restauración de las banderas brasileñas capturadas en marzo de 1827, que culminó con el acto del 17 de agosto de 1965 colocándolas en los cuadros donde todavía se conservan en el templo parroquial.


No todas las obras planeadas por el intendente Costas pudieron concretarse, porque como ya dijimos su mandato de cuatro años fue interrumpido antes de tiempo. En 1964 la Municipalidad de Patagones logró, con fondos proporcionados por el gobierno provincial bonaerense, la compra de un terreno ubicado sobre la calle Olivera en su intersección con Comodoro Rivadavia, enfrente de la escuela 2. Poco después se aprobaron los planos y el financiamiento para levantar en ese lugar un hotel de turismo para Carmen de Patagones.


La interrupción de los gobiernos radicales en la provincia y en la municipalidad abortó esa obra que, seguramente, le habría cambiado la fisonomía de servicios a la ciudad. El terreno quedó abandonado durante mucho tiempo, usado como parque, hasta que en la década del setenta se construyó el denominado centro cívico que alberga al registro civil y otras oficinas públicas provinciales.


“Pero además de su permanente acción, con viajes permanentes a ‘la cueva del león’ como le gustaba llamar a la ciudad de La Plata, otro rasgo muy fuerte del doctor Costas era su austeridad. Cuando ya estaba elegido para el cargo, antes de asumir, decidió cambiar el auto y adquirió en lo de su amigo Borassi un Di Tella Magnette (coche mediano equivalente a un Siena de hoy) y me dijo: lo compro ahora para que después no digan que usé plata de la Municipalidad. Enseguida mandó a buscar las chapas de bronce de intendente, porque lo usaría como auto oficial, y cómo descubrió que las anteriores las habían robado hizo comprar otras, y las pagó de su bolsillo” relató Rolando Martínez, quien le dedicó a su admirado jefe varios capítulos de su libro “Vivencias y algo más”, editado por su familia tras su muerte, ocurrida en noviembre del 2004.


Otros perfiles de su personalidad


René Alcides Aguirre escribió sobre el doctor Costas, con referencias a otros perfiles de su personalidad. “Pionero de la aviación argentina, junto con Almonacid, Sánchez Zinni y Jorge Newbery, fue creador de un monoplaza que condujera como piloto de pruebas el campeón mundial de permanencia en moto y célebre automovilista de la época, Gaudino. En el año 1914, con un amigo mecánico, construyó una casilla rodante sobre un chasis de Ford T, tipo camión, y con este vehículo hizo una travesía entre Buenos Aires y La Pampa, viajando con un matrimonio de amigos. La travesía duró un mes, con penurias de todo tipo, como quedarse una semana en un precario puesto esperando que le mandaran un palier de repuesto”.


“Sus viajes más que turísticos fueron siempre de estudio, ya que al bagaje de sus conocimientos agregaba su afán de saber; con curiosidad visitaba tanto los museos, lugares históricos, como los barrios de las poblaciones o ciudades, los mercados, donde realmente se dimensiona la verdad. Una anécdota: estando en Argel se desencadenó una terrible y sangrienta lucha intestina y se presentó al director del hospital a fin de prestar voluntariamente sus servicios profesionales e hizo de cirujano de campaña, enseñando a los médicos del nosocomio las nuevas tecnologías de la especialidad”, acotó Aguirre.


Un recuerdo de la amistad de Costas con el presidente Marcelo Torcuato de Alvear, un fino bastón de madera que usó el jefe de Estado, fue obsequiado por el ex intendente al escribano René Aguirre; y más tarde su hijo, René Alcides, lo donó al museo histórico Emma Nozzi de Carmen de Patagones.


Sus últimos años


Retirado forzosamente del cargo al que llegó por voluntad popular, tras el golpe militar de junio de 1966, Leonardo Costas vivió sus últimos años, entre recuerdos, en su casa de las afueras, hasta su muerte ocurrida el 15 de diciembre de 1975, hace casi 35 años.


En julio de 1985 el Honorable Concejo Deliberante aprobó la imposición de su nombre a la breve arteria que se mencionaba al principio, paralela a la avenida Yrigoyen, entre Mascarello y Boulevard Moreno. Alguien debe ocuparse de corregir el error de escritura de su apellido.


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