miércoles, 6 de febrero de 2013

La Cantata de Maullín, santo y seña para la identidad de un pueblo chileno

Esta es la primera de dos notas en la que intento plantear como interrogante lo siguiente: ¿La ciudad chilena de Maullín puede ser un espejo en el cual mirarnos, en lo cultural y patrimonial, desde la comarca patagónica argentina de Carmen de Patagones-Viedma?



Todos los pueblos tienen sus historias. Pero no todos los pueblos pueden cantar esas historias, porque no siempre los poetas lugareños aciertan en las palabras adecuadas para la descripción precisa y emotiva de los hechos; y además, también, porque no es común que los músicos locales se comprometan en la tarea de ponerle las convenientes melodías a los versos que exaltan lo histórico. (Más aún digo: parece existir un constante desacuerdo entre los poetas y los músicos comarqueños).

Maullín, un pequeño pueblo chileno que se asoma al Pacífico desde las aguas del río del mismo nombre, tiene el privilegio de cantar y contar la fascinante historia local a través de una obra integralmente realizada por sus lugareños y que se llama, sencillamente: “Maullín, memoria de un río” bajo la forma de una cantata.

La semilla de este notable emprendimiento la puso Patricia Medina Borquez, promotora cultural y bibliotecaria de la localidad, cuando a través de varios años fue volcando en letras y papel sus impresiones acerca de una sucesión de acontecimientos ocurridos en aquel pueblo y sus alrededores, desde principios del siglo XVII.

Un día esos apuntes poéticos llegaron a las manos de Camilo Silva Medina, que es hijo de Patricia y es músico, director del coro “Las voces del río”. Este joven y creativo artista compuso especialmente las partituras y arreglos de la Cantata; y así, en el otoño del 2012, comenzó la tarea del arduo montaje, una empresa que contra todas las dificultades propias de esta clase de cuestiones culturales pudo llegar al buen puerto del teatro municipal de Maullín en la noche del 26 de enero de 2013; tras su paso por Osorno y el cierre de breve gira en Puerto Montt.

Allá en Maullín (donde pudimos estar con Dalia, mi mujer) la velada fresca pero amable tuvo varios protagonistas: la luna llena y brillante que sin ocultar su orgullo regalaba destellos sobre el platinado lomo del río, la gente del pueblo que colmó la sala con comprensible ansiedad y hasta quizás alguna pizca de incredulidad, y sobre todo los músicos y coreutas que pusieron todo su coraje a prueba para mostrar a sus vecinos el resultado de aquel trabajo del que se venía hablando desde varias semanas antes.

La ovación final, con prolongados aplausos que se escucharon hasta las puertas del templo de Nuestra Señora del Rosario a unos 150 metros del teatro, fue la señal indubitable de la enorme, cálida y jubilosa bienvenida que los maullinenses le brindaron a la obra que, de ahora en más, debe servirles como santo y seña de su identidad.

En la introducción del estreno en Maullín habló la directora regional de bibliotecas, Anghara Guttman, quien bien dijo que los pueblos ubicados sobre las costas de los ríos tienen vivencias especiales y distintivas (conceptos de los cuales este cronista participa con entusiasmo propio). Maullín, asentamiento colonial hispánico con funciones estratégicas de ocupación territorial, ha sido territorio de enfrentamientos y batallas entre indios y blancos, y entre los mismos blancos, que marcaron con sangre y fuego su devenir. Pero, además, en un suceso no demasiado antiguo, sufrió efectos devastadores y crueles cuando el terremoto y maremoto de mayo de 1960.

La síntesis lograda por Patricia Medina en sus ordenados textos permite asomarse desde la visión del poeta en muchos de aquellos momentos históricos. La música compuesta por Camilo Silva ilustra con emoción los tramos más calmos y los otros, los violentos. En una sucesión melodiosa, sin fatigar al espectador, con acertadas acotaciones de la narradora Alejandra Silva Medina, en algo más de una hora la cantata “Maullín, memoria de un río” brinda testimonio y refuerza la identidad de un pequeño pueblo. (Lo que bastante hace falta por estos lares, cerca del Atlántico).

Con todo esto: ¡cómo no iba a estar de fiesta la luna sobre el lomo del río en esa noche rutilante de emociones a flor de piel.

(Este texto, sin las acotaciones entre paréntesis, lo escribí pocas horas después de la función de la cantata en el teatro de Maullín. Patricia, querida amiga, me pidió que lo leyera en el preámbulo de la actuación, del lunes 28, en el importante teatro Diego Rivera de Puerto Montt. No pude rechazar tamaño privilegio.)




De arriba hacia abajo: la portada del libro especial con textos y partituras de la obra, diseño similar al afiche de difusión; el momento en que leo mis crónica, en el teatro Diego Rivera de Puerto Montt, acompañado por el presentador Cristián Sánchez "Farolito"; Camilo, en plena acción directiva; y parte de los responsables, Camilo, Patricia, "Pitufo" (solista), Alejandra (narradora) y Neftalí Silva (esposo de Patricia, padre de sus hijos y productor general de la Cantata). Las fotos y diseño son de Alejandro Gallardo Chávez.

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