sábado, 9 de febrero de 2013

Carelmapu, horizonte en movimiento, festín de embarcaciones

Carelmapu, tierra verde, tierra de huiliches y araucanos antes que el español, tierra de mar sembrado de peces y mariscos en cantidad suficiente como para alimentar cientos de ejércitos. Desborde de la naturaleza, horizonte en movimento, frontera continental del sur chileno, escenario sin telón, abierto al canal de Chacao y a pocos pasos náuticos de la isla mítica de Chiloé. Refugio de las redes y las artes de la pesca, territorio marino del dolor en tiempos de maremotos, caleta de recalada para todos los vientos, para los vencedores y para los vencidos.  “Carelmapu, que emerge desde el sur, es festín de embarcaciones, congreso de pescadores, pleno de mariscales, botes…y Candelaria”. Porque la fe es como una tormenta que, sin presagios, se desencadena en cada mes de febrero, para certificar que  los hombres están presos de su destino sí, pero que también hay esperanza y porvenir. Carelmapu, cielo y barcos, brazos de sol y sal, soledad en tierra y compañía en la marea, pasión de barlovento, anclas para la emoción, cabos y bitas para el amarre de las historias, pasión y gaviotas concentradas en su festín. Cielos que devuelven las ilusiones de los marineros transformadas en nubes plenas de imaginación.  “Si no has visto caer el sol en el mar en la Caleta de Carelmapu no puedes decir que conoces el sur de Chile”.












Todo el primer texto que aparece entre comillas es un fragmento de la Cantata Maullín, Memorias de un Río, de Patricia Medina. El segundo texto entrecomillado, al final de la crónica, es una frase escuchada al pasar.

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