martes, 24 de enero de 2012

Gaiman, la huella de los galeses









Pero la historia de Gaiman en relación con los pueblos originarios, que debe ser bien interesante por cierto, quedó sepultada bajo la huella de los galeses, aquellos inmigrantes de una de las naciones que componen el Imperio Británico que llegaron por estas costas a partir de 1865. Para la imagen turístico-comercial la asociación de Gaiman con las “casas de té galés” es bien natural, por eso mismo.


En este viaje nosotros dejamos de lado, bien a propósito, las referidas ‘casas de té’ y preferimos, en cambio, internarnos en las propuestas de los museos y sitios históricos de la simpática población.


En un par de lugares están presentes los vestigios del ferrocarril, de una línea proyectada y construida por la empresa privada (capitales británicos, por supuesto) Compañía Mercantil del Chubut, cuyos rieles se extendieron originalmente a partir de 1888 entre Puerto Madryn-Trelew-Gaiman-Dolavon y Alto Las Plumas, con el propósito nunca cumplido de llegar a Esquel y un claro objetivo comercial: sacar lanas hacia el mar e introducir insumos agropecuarios y de otro tipo para la “colonización” de aquellas tierras.


Es muy poco lo que ha quedado tras el cierre y desguace (fue en 1961, en el marco del Plan Larkin de “Racionalización Ferroviaria” diseñado en Estados Unidos e impuesto al gobierno nacional de Arturo Frondizi) del ferrocarril que ya para 1922 había quedado en manos del Estado. Se pueden visitar el túnel, de unos 400 metros de largo, por el que circulaban los trenes en la salida del pueblo; y el edificio de la estación, actual sede del Museo Histórico Regional. En el interior de este sitio se observan teléfonos y otros pocos materiales. El olvido y desaprensión acerca de la historia ferroviaria patagónica se hacen patentes, también, en Gaiman, como no podía ser de otra forma.



La vida cotidiana de los inmigrantes galenses, en sus primeros tiempos sometidos a fuertes carencias y bajo un duro proceso de adaptación al medio ambiente, luego en el disfrute del bienestar y prosperidad logrados en lo económico y social, están claramente reflejados en el museo municipal “Primera Casa” y el emprendimiento histórico-turístico privado “Casa del Poeta”.


En la “Primera Casa” se recuperó la construcción rústica de piedra y chapa, con la muestra de utensillos domésticos propios de una subsistencia agreste. ¡No han sido fáciles aquellos primeros tiempos para los ‘galensos’, por cierto!

En la “Casa del Poeta” (donde hay una magnífica atención personalizada por parte de su creadora y responsable, Patricia Alvarez Herrero) uno se encuentra con una vivienda detenida en los años 1910-1930, con todos los detalles propios del confort y características de vida de una familia galesa en las primeras décadas del siglo anterior.

La casa perteneció al poeta-periodista Evan Thomas, director de los periodicos ‘Ydrafod’ (en galés) y ‘El Regional’ (en español) y en sus varias habitaciones se exhiben desde cubiertos y vajilla, pasando por un fonógrafo a cuerda (que invita a danzar al ritmo de un fox trot con su funcionamiento impecable), las intimidades de la alcoba (camisón y taza de noche) y la imprenta del propio Thomas, con sus prodigiosas artes tipográficas netamente manuales. Cada rincón de la casa, cada objeto y cada cuadro, dan lugar a un relato cálido e interesante por parte de la incansable Patricia.

Gaiman sorprende con los detalles de la historia galesa, se respira el aliento esforzado de los pioneros.

Como complemento: tuvimos la ocasión de alojarnos en el histórico hotel “Unelém” (parece que viene del tehuelche “ser los primeros”) que fue fundado en 1910 y subsiste con algunos salones (como el comedor) donde casi todo está como entonces, salvo el aparato de TV moderno que se puede ver en un rincón.

Gaiman respira aires de nostalgia…. (¿será que somos de Carmen de Patagones y esa clase de climas nos resultan amigables?)



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