martes, 24 de enero de 2012

El maravilloso Valle de los Altares







Es una parte de la travesía de la ruta nacional 25, que une Trelew con Esquel y constituye, para mi gusto, uno de los escenarios panorámicos más fascinantes del norte de la Patagonia. Alguna vez fue bautizado como “Valle de los Altares”, tal vez porque las curiosas formaciones geológicas tienen la imponencia de los sitios consagrados para las ofrendas religiosas. El poeta galés Owen Tydur Jones dice “Estos altares ¡habrán ido cincelados por el diluvio para el holocausto de los dinosaurios?; ¡aquellos, que en las alocadas hecatombes alcanzaron a ver el alba de los Andes!. A esta hora enmudece la Patagonia toda al grito de los chenques. Por eso, apoyo el oído para escuchar las rogativas que repiten, que repiten sus mensajes en extraños ecos guturales. Todo es misterio, la historia ha quedado sepultada en las catacumbas del silencio”. (Reproducido por Sergio Sepiurka en su libro “Rocy Trip”, con fotos de Jorge Migliori)


Me causa extraño placer, es como una especie de desafío, ingresar entre esas gigantescas roquedades, donde el firme y seguro camino pavimentado a veces parece que va a desaparecer en una curva; pero ¡de pronto! un giro subrepticio resuelve la duda inquietante y el vehículo sale del atolladero.

Me detengo al pie de unos de los farallones y la camioneta se ve chiquita, como si fuese de juguete; más allá la ruta se introduce en un pasaje, al costado de la imaginaria proa de una nave, que algún viajero tituló “El arca de Noé”. La escala del hombre y sus máquinas andantes se reduce a la nada; y se acaba la autosuficiencia.

En la pausa fotográfica, cuando la vibración amigable del motor y los neumáticos se interrumpe, se escuchan los llamados del desierto. Camino sobre la greda rocosa del Valle del Chubut y trato de rendir homenaje respetuoso a tantos que pasaron antes y poca huella dejaron. Por aquí anduvieron los tehuelches, en intensas excursiones para la caza de guanacos y choiques. Hasta acá llegaron los galeses y siguieron más aún, persiguiendo sus sueños migrantes. Decenas de viajeros (mucho más curiosos y precavido) tomaron notas y después concentraron cuidadosas anotaciones, que aportaron a la historia de los que ganaron.






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