martes, 5 de julio de 2016

Cuaderno de Estambul y Líbano/1: Gibrán, sabores y aromas, primeros apuntes



 "Tres cosas me gustan de la literatura: la rebelión, la perfección y lo abstracto. Y las tres cosas que odio en ella son la imitación, la distorsión y la complejidad". Lo dijo Kalil Gibrán, considerado el patriarca de la literatura del Líbano. La foto muestra una formidable escultura de la cabeza del poeta en su casa natal-museo-tumba en la población de Becharre. Líbano.



Sabores esenciales que despiertan memorias adormecidas en las papilas gustativas. Aventuras entre platos prolijamente presentados, que se deslizan sobre el mantel como las piezas de un ballet largamente ensayado. Itinerarios sorpresivos con estaciones intermedias de nombres misteriosos y perfumados que no me animo a escribir. La cocina libanesa recibe y acompaña con porfiada presencia. Fresca y generosa, como una favorita del harem. Pasión en cada bocado. Éxtasis oral.








 Un territorio de aromas fascinantes, que invita a recorrerlo con ojos y narices bien abiertos. La amabilidad de los feriantes es halagadora y, al mismo tiempo, una refinada forma de seducción vendedora que resulta difícil sortear. Hay colores que entusiasman al estómago, y sabores sutiles que te demandan en la billetera, a precio de astuta baratija. Es un muestrario ecuménico, con orden y equilibrio, en el marco de una aseada prolijidad que contrasta con la abigarrada concurrencia. Bazar Egipcio o Bazar de las Especias (Misir Carsisi) en el centro de Estambul, a pocos metros del Bósforo. Fotos del Bazar y calles aledañas. Tuvimos la suerte de estar en Estambul unos 20 días antes del sangriento atentado en el aeropuerto. El pueblo turco es muy atento, refinado y simpático. No se merecen tanta violencia.








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