sábado, 4 de mayo de 2013

Cuadernos de España: Gaudí estimula y sienta bien

Antonio Gaudí desafiaba a la tierra y al cielo, provocaba a los pájaros y a las nubes y obligaba al viento a girar combas entre las torres. Provocador y genio, el arquitecto propuso e impuso una nueva forma de mirar. Su obra monumental e inconclusa es la Basílica de la Sagrada Familia, que conmueve hasta las lágrimas aún hasta a los menos creyentes. Genialidad y locura, fe y fortaleza, imaginación y coraje. El ojo humano no tiene capacidad suficiente para distinguir todos los planos de la sorprendente realidad que propone Gaudí. Estas fotos son apenas unas pocas visiones parciales de un conjunto inabarcable de imágenes.







Poner en orden algunas ideas para escribir algo sobre la impresión que le causaron las obras del arquitecto catalán Antonio Gaudí (aquellas pocas que pudo ver en una estancia demasiado corta en Barcelona) es una preocupación que persigue al Cronista Patagónico desde hace varios días. ¡Es tan fácil caer en la tentación de poner que se trata, sencillamente, de una experiencia indescriptible! Pero no! Gaudí no se merece tamaña cobardía. Por eso el CP hace garabatos alrededor de cosas como “una visión audaz y temeraria de la vida”, “el descubrimiento de formas ocultas en la naturaleza” o “la búsqueda de un punto de vista que revisa conceptos establecidos”, que va descartando. Frases huecas, demasiado usadas. En definitiva: Gaudí asombra y conmueve, nos pone de rodillas ante la explosión mágica de sus volúmenes y colores, nos arrebata la frágil seguridad de creer que ya lo hemos visto todo. Pero, de manera especial, nos obliga a ejercitar la mirada con renovados bríos. ¿Habrá alguna pócima conveniente para potenciar en nuestros ojos la capacidad de mirar (que no es lo que mismo que ver, claro) que tanto necesitamos ante los exponentes de la creatividad de Gaudí? También (piensa el Cronista Patagónico) que Gaudí nos exige una contemplación comprometida con su tiempo, y con sus sentimientos. Tengamos en cuenta, por caso, que pasó de una indiferencia casi agnóstica a una fe cristiana profunda y asumida: y le dedicó toda su vida (los que serían sus últimos años, lo que él intuía, posiblemente) a realizar la monumental basílica de “La Sagrada Familia”; donde finalmente fueron a parar su restos tras el absurdo accidente paradójico y mortal, atropellado por un tranvía, que es como decir que murió atropellado por el progreso. Pero además, y este aspecto le da mayor dramatismo al hecho trágico, la vestimenta humilde y cierto aire descuidado de su persona hicieron creer al conductor del transporte y otros testigos del accidente que Gaudí era un menesteroso, y mal herido e inconsciente lo mandaron al hospital de la Santa Cruz, donde agonizó durante varios días sin (aparentemente) recibir adecuada atención.


(Para más datos, se reproduce una crónica, hallada por Internet, que dice: “Una de las muertes más revestidas de patetismo entre personajes conocidos es la de Antonio Gaudí. El arquitecto caminaba la tarde del 7 de junio de 1926, a eso de las seis, por Barcelona. Entre las calles Gerona y Bailén se asustó al ver venir hacia él un tranvía y, con objeto de evitarlo, se echó para atrás. Con tan mala fortuna que lo atropelló el tranvía que venía en sentido contrario. Éstas al menos fueron las declaraciones que el conductor hizo después. Pero en aquel primer momento de confusión todos los presentes, tanto viandantes como maquinista, decidieron por su aspecto desaliñado que se trataba de un mendigo y lo abandonaron a su suerte en la calle. Por aquel entonces Gaudí contaba con 74 años y hacía tiempo que solía vestir con hábito negro. La manufactura de sus sandalias era propia. El conductor lo apartó a un lado y siguió su camino. Cuando al fin lo llevaron al Hospital de La Santa Creu, de beneficencia, el arquitecto deliraba. No llevaba documentación, y en la ficha no acertaron otro apellido que Sandí. Al cabo de varias horas se lo consiguió localizar, pero aún entonces, según opina Juan José Navarro Arisa en “Gaudí. El arquitecto de Dios”, no fue sino para empeorar las cosas: su apretado entablillamiento del tórax pudo haber acelarado su muerte. Al parecer, Antonio Gaudí daba largos paseos cada día, pues era reacio a montar en vehículos.”)

El Cronista Patagónico reflexiona también acerca de esa calificación que usó uno de sus biógrafos y se repite en la estampita que promueve la beatificación del notable catalán: ¿fue Gaudí el arquitecto de Dios? Si aquello fue cierto… ¡cuánta belleza y enigmas todavía nos quedan sin revelar sobre esta tierra que transitamos! En suma ¡gracias Gaudí por sacudirnos la sesera y sacarnos de la modorra de las ideas simples y convencionales! El CP piensa que con Gaudí pasa lo mismo que con una cierta marca de ginebra, que hace muchos años se publicitaba con la frase de que “una copita cada día, estimula y sienta bien”. Por eso se promete no dejar de echarle un vistazo, todos los días, a algunas de las fotos que se trajo de Barcelona. Gaudí estimula y sienta bien. Una buena conclusión, eso parece.











2 comentarios:

  1. Carlos, que hermosa experiencia! Sin dudas Gaudí es un artista que conmueve y emociona. UN abrazo desde Bahía Blanca. Mario Minervino

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  2. Fotos como estas, cronista, cortan la respiración. Y más, cuando el texto nos lleva desde el lenguaje de la piedra a la vitalidad de la persona, que tanto se contagian entre sí: esta obra es Gaudí, y él está respirando en estas imágenes. Alguien que sabe del tema me comentó que AG planeaba sus cúpulas "al revés", no pensándolas desde la base, sino colgando semiesferas y conos. En algún libro he visto el lugar donde él hacía esta tarea, y ha seguido casi hasta hoy, para avanzar en lo que faltaba de la construcción. Creo que tu crónica sabe transmitir este modo de construir "empezando por arriba."

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